Jorge Sarghini: "El Gobierno nacional debió hacer el aporte a la Provincia sin quitarle recursos a la Ciudad"

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- La grieta, ¿está más viva que nunca?

-Está muy viva. Es difícil poner una fecha precisa, pero podría decir que en los últimos 2 meses, la grieta se

- La grieta, ¿está más viva que nunca?

-Está muy viva. Es difícil poner una fecha precisa, pero podría decir que en los últimos 2 meses, la grieta se

ha ido apoderando de la agenda política argentina. Llegó con fuerza, inclusive al Congreso de la Nación. Esto es sumamente negativo, no habrá salida a las terribles dificultades que tiene que enfrentar la Argentina, que no son sólo las consecuencias de la pandemia, sino las consecuencias de una larga decadencia. De mínima, de los últimos 10 años de estancamiento con los dos últimos de recesión, de caída, a eso se le suma el golpe de gracia que trae la propia pandemia. Si algo no hay que hacer para empezar a generar las condiciones para la salida de esto, es agudizar la grieta.

-Usted llegó al Congreso en diciembre de 2019, y eligió integrarse al espacio político de lo que quedó de la “avenida del medio” que planteaba antes Sergio Massa y que buscó ser tercera vía en las presidenciales con la candidatura de Roberto Lavagna. Pero quedó muy reducido, y así se expresa también en la Cámara de Diputados, ¿no?

-Sí, el predominio de la polarización quita espacio a la moderación. Esto lo hemos observado en las últimas elecciones y se observa en la acción política cotidiana y en el funcionamiento de la cámara. Hoy hay dos minorías predominantes, que expresan esa polarización. Si bien en cada una de ellas existen sectores más moderados, más dialoguistas, no son los que se van imponiendo. La semana pasada han reflexionado, tanto Juntos por el Cambio como el Frente de Todos, han podido acordar y se generó un protocolo para funcionar en la cámara, en el marco de esta situación tan atípica de la pandemia. Un sistema mixto, que yo defiendo.

-¿Qué discusiones vienen?

- Yo creo que lo más importante es el Presupuesto para el año próximo. No porque necesite ser tratado con urgencia, pero sí porque entiendo que va a ser la primer señal que vamos a tener sobre el rumbo económico del gobierno. No nos olvidemos que cuando el gobierno llegó, postergó el anuncio de su programa económico a la espera de la resolución del tema de la deuda. Luego vino la pandemia, y la negociación de la deuda también se demoró.

-Se le ha reclamado al Gobierno que tenga un plan económico.

-Sí. Yo soy moderado en ese reclamo, porque soy consciente de la terrible incertidumbre que vive el mundo y particularmente nosotros y la región. De todas maneras, creo que es absolutamente necesario, ir generando las condiciones para la post pandemia y dando lineamientos claros.

-Viene también el debate de la reforma judicial, que el oficialismo muestra mucha premura en sacar su ley.

- A mi criterio no tiene ninguna urgencia, no es un tema para ser discutido en el medio de esta crisis. No están dadas las condiciones para dar ese debate. Además de que no pareciera que ese proyecto que ha votado el oficialismo en el Senado, que no es el mismo que ingresó y ni siquiera el que se debatió, porque se terminó votando con modificaciones de última hora. No cambia a mi criterio la raíz de la justicia federal, multiplica estructuras viciadas y multiplicar jueces no es sinónimo, de ninguna manera, de mejorar la administración de justicia.

-¿Y por qué este apuro del Frente de Todos? Un sector de la oposición dice que es por las causas judiciales que enfrenta Cristina Kirchner.

-No, yo no me paro en ese lugar a la hora de revisar el proyecto. Sí, estoy convencido de que no es el momento. Es una reforma del Estado , y como tal, exige acuerdos de Estado. Además creo que no tiene el direccionamiento conveniente. Yo no caería en la trampa de discutir el proyecto bajo la idea de que se puede proponer algo mejor, con mayor consenso, porque la cámara de origen ha sido la de senadores. Tiene toda la posibilidad el Senado de insistir [con su texto original]. Por lo tanto, yo evitaría caer en la trampa de dar la discusión.

-¿Eso implica no dar quórum directamente?

-Bueno, eso habría que verlo. No dar quórum implica que se posterga el tratamiento y la ley hasta el período de sesiones 2021, la media sanción sigue teniendo vigencia. Bueno, si podemos juntar 129 votos también se puede tratar, se puede votar en contra. Nosotros hemos sido en algunas redes hasta escrachados, a mí no me gusta esta práctica, la rechazo. Poniendo las caras, los nombres, de los legisladores de las minorías, de bloques más chicos, diciendo está en sus manos no dar quórum. Porque si garantizamos 129 votos, está claro que el primero que no va a dar quórum es el propio oficialismo.

-¿Pero están en condiciones de juntar esa mayoría para el rechazo?

-Yo creo que sí. Pero de todas maneras, vuelvo al principio, creo que no hay que perder energía en esto.

-Con el acuerdo con los bonistas cerrado. ¿Se soluciona todo?

-No se soluciona todo, pero es muy bueno que se haya logrado. No es lo mismo una Argentina en default que una Argentina con este tema resuelto. Fundamentalmente para el sector privado, que es el que va a tener que empujar fuerte en el momento de la recuperación. Un país en default no sólo no tienen financiamiento del sector público, sino que el financiamiento del sector privado es muy caro y muy limitado.

- La “larga decadencia” de la Argentina a la que aludió ¿cuándo se termina?

-Uno siempre tiene la expectativa de que sea a partir de ahora. A mi no me gusta usar la remanida expresión de que cada crisis es una oportunidad, porque ya la hemos gastado tanto. Pero bueno, no puedo dejar la expectativa de que la salida de la pandemia que, insisto, nos vino a pegar un golpe de gracia. Pero que nos haga despertar, ¿si no es ahora, cuándo? Yo me siento parte de una generación política que está en deuda. El nivel de pobreza de la Argentina nos interpela a todos los que hemos tenido o tenemos alguna responsabilidad. No es la democracia que está en deuda, es la política. Que esta crisis, por su profundidad, nos haga reflexionar. Naturalmente, no lo hago desde un lugar de ingenuidad. Y lo que he dicho antes, lo que significa y toda la carga negativa que tiene la grieta. No veo las condiciones todavía para ese acuerdo nacional, tan necesario para tener un proyecto de Nación.

-Hubo algunos gestos, al inicio de la pandemia.

-Hoy no lo veo. En el inicio de la pandemia, tuvimos ciertos gestos que parecían como un subproducto de la exigencia de la política sanitaria, que aparecieran ciertas condiciones políticas que empezaran a desandar ese camino de desencuentro. Parece que fue un espejismo. Como dije, estos últimos tiempos, se va tensando la relación política, van ganando los duros.

-En este contexto aparece este proyecto de impuesto a las grandes fortunas. ¿Es una buena idea?

-Es una idea acompañable. En las crisis se reparten costos, no beneficios. En las crisis, generalmente, en esta dicotomía que hay que resolver entre eficiencia y equidad, prevalece el criterio de equidad. En ese marco, el diseño de un impuesto, a los 12 mil patrimonios más elevados, por única vez, tiene un contenido de justicia, que desde mi punto de vista hace que ese sea un proyecto a acompañar.

-Lavagna presentó un plan hace unas semanas, con varios puntos. Habla de crear trabajo, y de un nuevo sistema laboral.

-Roberto Lavagna es un hombre que piensa el futuro. La primer reflexión es el grado de inmadurez que tenemos para el debate. Porque lo único que escuché fue un silencio, quizás de quienes compartían la propuesta, pero no lo expresaban, o descalificación, por parte de quienes no. Vamos a tener que animarnos a discutir temas que, hasta ahora, su debate ha sido postergado. En el plano laboral, en el plano tributario. Vamos a tener que repensar el Estado. Y la política, que se ha puesto terriblemente cortoplacista y no ahora por la crisis, sino desde hace rato. Se ha puesto refractaria a tratar aquellos temas que pareciera que pueden ser políticamente incorrectos. Dicho esto, yo creo que hay que discutir una modernización en el tema laboral también.

-El tema de la carga tributaria. El Estado le da de comer a 11 millones de personas y la gravedad, el cuadro social, está a la vista, más en la pandemia. Por otro lado, la clase media, siente que le meten la mano en el bolsillo cada vez más, y pierde con la inflación. ¿Cómo se resuelve esa ecuación?

-Bueno, esto es lo que hay que discutir. Está claro que el nivel de presión tributaria es elevadísimo. Y está claro, por otro lado, que el Estado es ineficiente, a la hora de devolver en bienes públicos o en regulaciones, lo que quita del sector privado con esa presión tributaria altísima. Yo creo que hay un tema que se aborda poco, que a la hora de instrumentar políticas en la pandemia quedó muy en descubierto, que es a lo que hay que encontrarle una solución, en ese marco pongo la propuesta laboral de Roberto Lavagna. Es que es imposible que esa ecuación se resuelva bien con el terrible grado de informalidad que tiene la economía argentina.

-Usted ha manejado las cuentas de la Provincia de Buenos Aires, y la conoce bien. ¿Cómo vio el conflicto policial?

-Buenos Aires es una provincia estructuralmente desfinanciada. Porque no se da un debate serio sobre el federalismo desde hace tiempo. Ese nivel de desfinanciamiento se vuelve, obviamente, mucho más brutal cuando hay crisis. Yo creo que el conflicto tiene la provincia, que empezó por el sector policial, pero que puede seguir por el sector salud y otros, es un problema nacional. Naturalmente, me hubiese gustado ver un gobierno provincial que entendiera mejor la lógica del funcionamiento y de la gobernabilidad de la provincia que el actual. Pero bueno, este es el que el pueblo eligió y el que tiene que gobernar.

-¿El ejecutivo provincial no está a la altura?

-Yo no observo un gobierno provincial que haya entendido la lógica de la provincia, en todo sentido. La gobernabilidad de la provincia está asociada, en el mejor de los sentidos, a la coparticipación del poder. No es una provincia que pueda ser manejada con criterios, diría yo cuasi feudales. Yo veo muy poco diálogo con el poder territorial, aún con el poder del propio espacio político que gobierna. Esquivo usar los términos en que se hizo la pregunta de si no están a la altura, no quiero bajarle el precio a nadie. Pero sí digo que la provincia exige un nivel de conocimiento -y tiene un nivel de complejidad- que el equipo que gobierna no me lo ha demostrado.

¿Qué opina de la quita de 1 punto de coparticipación a la Ciudad, para resolver el reclamo policial en la Provincia?

El gobierno de la provincia no tenía ninguna posibilidad de hacer la oferta salarial que hizo sin aporte del gobierno nacional. Pero la Nación debió hacerlo con recursos propios y no quitarle a otra jurisdicción. En Diputados hace dos sesiones votamos una ampliación presupuestaria, que incluyo un aumento de las transferencias a las provincias, de ahí debieron salir los recursos. Esta solución que eligió el gobierno nacional ensancha la grieta.

Un 9 "de área", con rol clave junto a Roberto Lavagna en la salida de la gran crisis de 2001-2002

“No hay cancha en la ciudad de la Plata” por donde no haya trajinado, cuenta algo tímido Jorge Sarghini de su costado deportivo, menos conocido, cuando jugaba ligas universitarias y del interior, claro que hace ya unas décadas.

Era 9 “de área”, según se define, y como tal su misión era hacer goles, aunque era “mal cabeceador”. Hincha de Boca, y admirador de Martín Palermo en su puesto, esa misma pasión fue la que puso en los años difíciles de la gran crisis de explosión de la convertibilidad, cuando secundó a Roberto Lavagna como secretario de Hacienda, de mayo de 2002 al final del gobierno de Eduardo Duhalde en mayo de 2003. “Dejamos la mejor herencia fiscal desde el regreso d ela democracia a otro gobierno”, señala con orgullo, cuando se le pregunta, de su extensa función pública, qué recuerda como mejor experiencia.

Diferencia con la actual crisis, y en la que los números de la economía son aun peores, que por entonces había un equipo que ya había trabajado para la contingencia encabezado por Lavagna (y antes destaca el rol de Jorge Remes Lenicov), el liderazgo de Duhalde y el acompañamiento de Raúl Alfonsín desde el Congreso y como líder opositor. Y que el contexto internacional también era favorable a lo que fue una rápida recuperación, cuando ahora la crisis es global, además que la Argentina se debate en una pelea política continua, que Sarghini cuestiona. “Hay duros en ambos lados, no paran de echarse la culpa, cuando la política tiene la obligación de construir el futuro”, sostiene.

Sarghini vive en City Bell, cerca de La Plata; está casado con Graciela, tiene tres hijos, Marianela (38), Lucía (34) y Emilio (32), y dos nietos, Eloy y Teo. A su familia pensaba dedicarle más tiempo, junto a la consultoría económica que había retomado, porque en rigor en 2017 dejó de ser diputado provincial, y decidió retirarse de la política en forma “definitiva” -lo que no sucedió- y además jubilarse. “Soy un jubilado en uso de banca, he renunciado a la dieta y cobro la jubilación”, explica.

Es que Sarghini, que fue figura relevante en el Frente Renovador de Sergio Massa -presidente de la cámara de diputados bonaerense en 2016 por un acuerdo con el gobierno de María Eugenia Vidal- en 2017 no llegó a entrar al Congreso. Se le abrió la posibilidad en diciembre para ocupar la banca de Daniel Arroyo, nombrado ministro.

Ya con diferencias, sin acompañar la integración del FR al Frente de Todos donde el mayor peso lo tiene Cristina Kirchner, se sumó al pequeño bloque de Consenso Federal con Graciela Camaño -que también tomó rumbo distinto que Massa- y Jorge Topo Rodríguez. El “lavagnismo”. En el debate reciente por la ampliación de la moratoria, Sarghini apoyó la ley pero rechazó el artículo que permite incluir a los quebrados, denunciado como salvataje al empresario K Cristóbal López.

-Cuando usted volvió a Diputados, muchos se preguntaron a qué bloque iba a ir.

- Me costó la decisión de volver cuando estuvo la posibilidad de la banca. Pero esto no. El electorado que nos votó en 2017, fue ‘ni Macri ni Cristina’. No dudé cuál era mi lugar.

Itinerario

Jorge Emilio Sarghini nació en Benito Juárez, provincia de Buenos Aires, el 11 de junio de 1953. Es licenciado en Economía de la Universidad Nacional de La Plata, en 1976. Fue Ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires en el período 1997/2002, Secretario de Hacienda de la Nación 2002/2003 y Presidente del Banco Provincia 2003/2005. En los 90 ocupó otros cargos en el área económica del gobierno bonaerense.

De 2005 a 2009 fue diputado nacional. Y en 2013, diputado provincial y presidente del bloque del Frente Renovador. En 2016 presidió la Cámara de Diputados bonaerense fruto de un acuerdo político del massismo con el gobierno de María Eugenia Vidal.

Al toque

Un proyecto: Muchos

Un desafío: Ejercer dignamente mi mandato

Un líder: hoy no veo

Un prócer: Dos, San Martín y Belgrano

Un sueño: La Argentina del crecimiento y la justicia social

Una sociedad que admire: La uruguaya

Un recuerdo: Las charlas con mi viejo

Una comida: Asado

Una bebida: Vino tinto

Un placer: el emotivo

Un libro: El último encuentro, de Sándor Márai

Una película: Nos habíamos amado tanto, de Ettore Scola