Bajo una tormenta perfecta, el histórico Omar Viviani deja el mando de taxistas

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Omar Viviani se construyó en la avenida La Plata una faraónica sede para el sindicato de Peones de Taxi, quizá más propia de un gremio poderoso y con miles

de afiliados en todo el país que para una organización pequeña como la suya. Cocheras subterráneas, ascensor privado para acceder a su despacho, decorado de manera moderna y con un mueble con monitores que mostraban lo que capturaban las cámaras de seguridad del edificio. También creó una enorme estructura para su obra social. Y hace menos de dos años, fundó el primer hotel del gremio, en San Clemente. Todo a lo grande.

Viviani renunció este martes a la secretaria general del gremio, cargó que ocupaba desde 1983.

Fue en medio de una tormenta perfecta: enfrentaba graves problemas financieros para mantener esa estructura gigantesca, una caída en la cantidad de afiliados y una dura pulseada interna con su número dos en el sindicato. Para el universo cegetista no fue una sorpresa: el runrún hace rato era que acumulaba demasiados problemas.

Cerca del taxista se limitaron a decir: “Siente que ya cumplió el ciclo y que le quiere dar lugar a los más jóvenes”.

Lo reemplazará el secretario adjunto Jorge García. Según las versiones, el año pasado Viviani le había prometido a su segundo que él se retiraría y que iba a ser el uno. Pero al final, siempre según las versiones, no cumplió con su palabra y se candidateó por un período más, hasta 2023. Desde ahí quedaron enfrentados.

El otro tiro de gracia para Viviani fueron las aplicaciones como Uber y la caída en la actividad por la pandemia.

Tuvo enorme peso en el tablero sindical durante la época en que fue aliado del camionero Hugo Moyano. En las mesas chicas de la CGT los asientos siempre estuvieron reservados para los jefes de los grandes gremios.

Otros tiempos. Moyano y Viviani, cuando eran aliados.

Otros tiempos. Moyano y Viviani, cuando eran aliados.

Él, con una estructura diminuta, estuvo en esa mesa hasta que rompió, en 2012, con Moyano.

Quizá creyó que el poder que tenía era propio y no por su cercanía con el camionero. A partir de ahí articuló un grupo de gremios, pero nunca más volvió a tener la misma influencia sindical.