¿Quién le pasa los datos a Alberto Fernández?

Economia
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Publicados en enero, los datos que sostienen las preguntas son de un par de años atrás pero no modifican el problema ni cambian las conclusiones. ¿Qué pasa si un vendaval pega

sobre una estructura económica donde el 19,5% de las 90.000 empresas que hay son industrias y el 33,8% unidades comerciales. y donde el 85% del total se reparte entre firmas pequeñas y medianas? Pasa obviamente que tambalea todo.

Ese lugar alberga más industrias y más comercios que ningún otro en el país, tiene un sector privado heterogéneo que ocupa un millón largo de trabajadores cuyos salarios promedio son iguales o mayores a la media y forma parte de un territorio que concentra el 32% del PBI nacional. Si la pregunta sobre el vendaval apunta para este lado, la respuesta será la misma: tambalea todo.

Final del acertijo: ese lugar se llama Conurbano bonaerense; se llama también 25% entre desocupados y subocupados; casi 40% de jóvenes de 18 a 24 años sin trabajo y 36,5% de empleo en negro. Y Conurbano se llama, definitivamente, Provincia de Buenos Aires.

El mismo panorama puede ser visto y analizado a través de las proyecciones de unos cuantos especialistas. Plantean desplome del PBI nacional del 12% para este año y rebotes del 5,6% en 2021 y del 2,5% en 2022, o sea, seguir esperando hasta volver al por cierto nada envidiable registro de 2019.

Queda claro de sobra entonces que el manotazo que Alberto Fernández le pegó a la coparticipación impositiva de la Ciudad puede servir para frenar el conflicto policial bonaerense, si lo frena, pero ni de cerca resuelve el problema que el kirchnerismo tiene y tendrá con una provincia expuesta como pocas a los sacudones económicos.

De cuestiones así también se habla cuando se habla de la ausencia de un plan articulado, que explique cómo y con qué medios salimos del sótano en el que quedamos. Los paquetes de subsidios y la emisión a gran escala pueden ser y son necesarios, pero son medidas para la emergencia. Nunca un plan.

A falta de una mejor oferta, tenemos una difusa y acomodada descripción del cuadro económico en boca de Fernández que, encima, tiene muy poco agarre en los indicadores oficiales. Sostuvo hace bien poco: "Estamos saliendo, el consumo está aumentando y el uso de la energía (eléctrica) para la actividad industrial es igual al que existía antes de la pandemia".

Como mucho Fernández puede aferrarse a la suba del 7,4% que el estimador económico del INDEC marca en julio contra junio, pero esa vía tiene varios obstáculos serios. Uno de ellos es que la misma estadística canta derrumbes del 12,3% versus julio de 2019 y del 12,9% en los primeros siete meses de 2020 respecto de los primeros siete meses de 2019. Otro inconveniente: los datos menos favorables a la interpretación oficial resultarán, al fin, los más parecidos al saldo del primer año de la nueva temporada kirchnerista.

Sobre el verdadero estado de la economía y el impacto de la cuarentena, también informan números tomados de la AFIP. Para empezar por algún lado, el primero de ellos señala que entre fines de febrero y fines de junio se cayeron 15.650 empresas, la mayoría obviamente pymes, y que se perdieron 247.230 puestos de trabajo. El siguiente agrega que en el mismo período el salario promedio de los trabajadores en relación de dependencia bajó un 7%.

Se trata en todos los casos de actividades registradas, en blanco y desde luego más representativas que las informales.  Y si eso ya desparrama dudas sobre la potencia del aumento del consumo que menta Fernández y hasta sobre el propio aumento del consumo, el retroceso de la recaudación real en impuestos asociados directamente a la actividad económica suma fuerte a la contradicción.

Ningún gravamen expresa la temperatura de la demanda interna como el IVA-DGI, y ahí las planillas oficiales dicen frío, frío: informan que entre enero y agosto, los ingresos generados por ese impuesto crecieron un muy módico 13,5%, esto es, 33 puntos porcentuales menos que la inflación anual promedio. En Ganancias y Combustibles, dos especies similares al IVA, las diferencias fueron de 27 puntos y de 18 en Ingresos Brutos, la versión que refleja la marcha de la actividad y las ventas en las provincias.

En la economía las variables se cruzan todo el tiempo. Decir IVA golpeado equivale a decir industria y comercio mayorista y minorista golpeados, pues la suma de ambos sectores representa alrededor del 52% de la recaudación del impuesto. Y hablar de Ingresos Brutos es hablar del 70%, hasta del 80% de los recursos tributarios propios, sin coparticipación, de la mayoría de las provincias.

De seguido, si los ingresos del sistema previsional provenientes de los aportes patronales y personales pierden por 26 puntos porcentuales contra la inflación, como están perdiendo, ahí tenemos caída del salario real y problemas laborales juntos.

Tal cual puede advertirse, cuesta encontrar dónde está aumentando el consumo o por qué lo haría, dada la evidente debilidad de las fuerzas que podrían empujarlo.

Y si las cuentas que cuenta el Gobierno no se llevan bien con las del INDEC, con las de la AFIP y las de otros organismos oficiales, lo mismo le ocurre a ese estimulante anuncio de que el uso de energía eléctrica en la industria ya ha vuelto a los niveles pre-pandemia.

Aun de capa caída aquí, la industria todavía pesa fuerte en el PBI y en la generación de empleo y de empleo de calidad, pero lo que le habría venido bien y voceó Fernández choca de frente contra los datos de Cammesa, la compañía paraestatal que administra el sistema.

Según el último informe Covid-19 de la empresa, a comienzos de septiembre el uso de electricidad en la producción fabril estaba 10% por debajo del registro que había antes de la pandemia. Y nada menos que 23,5% detrás de septiembre de 2019.

Todo desde luego compatible con el índice del INDEC, que marca caída de la producción en 26 de los últimos 27 meses: un 6,9% en julio respecto de julio del año pasado o 13,4% en el acumulado desde enero. Y compatible, también, con la opinión que los empresarios expresan en diversas encuestas.

En uno de esos sondeos, el 62% dice que medida contra los niveles previos a la pandemia la producción cae más del 25%, hasta el 50 o arriba del 50%. Apenas un 9% advierte de aumentos. Y sobre el estado de las ventas, un 46% reporta bajas mayores al 30%.

Por donde se los mire, tiene sentido preguntarse quién les pasa los datos a Fernández y recordar, además, las quejas de Suecia, Chile, de Barcelona y el País Vasco propósito de sus comparaciones sobre la pandemia.

Y si el punto es la coparticipación impositiva de Buenos Aires, vale un antecedente: cuando Néstor Kirchner asumió, la tajada que le tocaba a la Provincia era del 23,6% y cuanto Cristina de fue, la porción se había achicado al 18,7%.