¿Por qué a la Argentina le importa tanto el BID?

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Pocos saben que el BID se ha embarcado en la Argentina en tareas que parecen infinitas como los proyectos para la modernización del aparato del estado, gestión fiscal o seguridad ciudadana.

Pero lo cierto es que el Banco Interamericano de Desarrollo está bien presente en la emergencia. A fines de agosto anunció US$ 1.800 millones para enfrentar la crisis provocada por la pandemia. Más aún, el banco ha sido históricamente el principal socio multilateral para el desarrollo, con un promedio de créditos aprobados por año de US$1.360 millones. La cartera activa actual con el sector público es de 54 operaciones por US$9.206 millones que ya fueron aprobados y de los que restan desembolsar cerca de US$ 4.000 millones. Una buena parte es para agua potable y saneamiento, educación, salud, desarrollo social y desarrollo urbano. Decididamente, la suerte del BID no es indiferente para la Argentina. El país tiene una silla muy activa en su directorio y representa el 11% del capital del BID. Son argentinos, además, el 33% de sus funcionarios.

La génesis del BID arranca apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, cuando los países de América Latina, con México a la cabeza, reclamaron la necesidad de un banco regional y se negoció con la administración Roosevelt en Estados Unidos. En 1959 bajo el gobierno de Eisenhower, preocupado por la crisis social en América Latina, las revoluciones como la cubana y los movimientos contra EE.UU. que se extendían en la región, se decidió crear el BID con el aporte en un 60% de los países de América latina que iban a conservar la presidencia. Para Washington, que aportó el 40% del capital, quedó reservada la estratégica vice presidencia ejecutiva.

De acuerdo con el ex director argentino ante el BID, Eugenio Díaz Bonilla, el surgimiento del banco se produce en un momento muy particular en la región con Arturo Frondizi como presidente en la Argentina. “La gobernanza del banco expresó un paquete de acuerdos que le permitió tener un diálogo más consensuado”.

El BID amplió sus miembros y capital con la incorporación de Europa, Canadá y países asiáticos como Japón y China. Actualmente el capital del BID se reparte en un 50,01% para América Latina, 30% Estados Unidos y el resto entre los demás miembros. “Es una estructura que obliga a hacer acuerdos, siempre”, recalca con su experiencia Díaz Bonilla.

Así las cosas, el BID contabiliza 48 socios en total, de los cuales los 26 latinoamericanos son prestatarios con 50,02 por ciento de los votos, una leve mayoría, y los otros 22 son prestamistas (Estados Unidos, Canadá, países de la Unión Europea y China, Japón e Israel). En cuanto a las participaciones en la región, Argentina con el 11% comparte el podio con Brasil. Le siguen México con el 7% y Venezuela con el 6%.

Diana Tussie, Directora del Área de Relaciones Internacionales de FLACSO, sostiene que debe encuadrarse al BID como un banco que es un instrumento geopolítico en un momento en que China se consolida como principal inversor en la región. De hecho, China supera los créditos que otorgaron estos años, sumados, el BID y la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina. Los países que más dinero recibieron son: Venezuela, 67 mil millones de dólares (el más endeudado con China, a la que paga con petróleo); Brasil, 29 mil millones; y Ecuador y Argentina, 18 mil millones. Para Tussie, “si el BID surgió en plena ola de protestas en la región, el Banco Europeo de Desarrollo nació en 1991 tras la caída del Muro de Berlín para asistir a la reconstrucción de Europa del Este. Y el Banco Africano de Desarrollo creado en 1964 fue una respuesta con fondos europeos a la descolonización, de manera que esos países no se fueran del todo”. ¿Cuál será ahora la respuesta del BID?

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