Caso Falabella: por qué las empresas se van de la Argentina

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La decisión de Falabella de retirarse de la Argentina provocó olas en el comercio minorista. La empresa chilena tiene una tarjeta de crédito

con más de 300.000 clientes, una cifra más que atractiva para el segmento financiero. Además, su operación en el país era robusta, más importante que la de Brasil, aunque menos que las de Perú y Chile.

Ya hay una decena de empresas importantes que están levantando su filial local, o en búsqueda de un socio para continuar. El país acumula tres años de recesión y las perspectivas para los negocios no son óptimas, según ejecutivos de compañías extranjeras.

Si bien todas las economías de la región resultarán afectadas por la pandemia, la firma trasandina elige irse de la Argentina y no de otros países que tendrán una contracción parecida. Un proveedor de la compañía, todavía sorprendido, explica pidiendo reserva: "Es que se cumplen todas las condiciones que a ellos no les gustan".

En su resultado anual, Falabella observa los factores que mira para operar en los países. Entre ellos, "las políticas de inflación y los mecanismos utilizados para combatir la inflación", "los movimientos en los tipos de cambios de divisas" o "los cambios de las normativas o procedimientos administrativos de los autoridades".

En los tres aspectos, Argentina exhibe resultados que no gustan en algunos inversores extranjeros. Los cambios impositivos, que insinúan un mayor impuesto a las Ganancias de las empresas, tampoco parecen constituir una señal alentadora.

En la misma situación de Falabella, que ya anunció la búsqueda de un socio para bajar su exposición en Argentina, se encuentra Walmart. La diferencia es que la estadounidense no está cerrando locales ahora, aunque si puso una docena en venta, con el objetivo de reducir su giro de negocios local.

Las restricciones en la salida de dólares tallan en estas decisiones, según contaron ejecutivos de tres empresas que se fueron. "Hay casas matrices que no entienden fácilmente que no pueden disponer de su dinero, o que no se pueda concretar una importación", observan.

El ministerio de Desarrollo Productivo y el Banco Central reciben pedidos permanentes para dar luz verde al pago de importaciones. Esas autorizaciones salen, pero los tiempos no siempre coinciden con los buscados por las empresas.

"Las importaciones detenidas en la Aduana, porque no está el pago listo, son frecuentes y obligan a una serie de explicaciones. Algunos jefes lo entienden y otros se enojan. Empiezan a plantear que prefieren una resolución más drástica", reconstruye un ejecutivo que "padeció" (según sus palabras) el cepo anterior, de 2011 a 2015, mientras trabajaba para una multi estadounidense.

Una de las primeras en anunciar que se irá del país fue Latam, la aerolínea chilena que está cerrando. Significó el inicio de la salida de varias aéreas, como Emirates y Air New Zealand.

En el mercado de cabotaje, la noruega Norwegian ya había cedido sus posiciones a Jetsmart. Y hay dudas sobre la continuidad de Flybondi por los problemas en el Aeropuerto de El Palomar. La política de "cielos abiertos", que promovió la administración anterior, no parece ser compartida por la actual gestión. Además, las aerolíneas sufren en todo el mundo, por la drástica caída de ventas por la pandemia.

Telefónica de España anunció que se desprenderá de algunas unidades de negocios en América latina, incluyendo las que tiene en Argentina. Nike cederá el desarrollo de su marca en el país, mientras que Wrangler y Lee cerraron sus locales.

La fabricante de pinturas para autos Basf, de Alemania, no escapa a la situación. Traslada su producción local a Brasil, donde encuentra un mercado más grande y establecido.

Axalta, de Estados Unidos, dedicada al mismo rubro del mercado automotor, inició el proceso de salida.

La francesa Saint-Gobain, de autopartes es otra en el mismo proceso: cerró su planta de Campana, con más de 150 trabajadores que fueron desvinculados.

Firmas brasileñas estuvieron evaluando seguir un camino similar, pero desde el Gobierno de su país le pidieron reconsiderar, tras alguna gestión de la Cancillería argentina.

"La asistencia en el pago de salarios fue bien vista afuera, como un esfuerzo por preservar las empresas. Pero hay que acompañar esa medida con un marco", observan ejecutivos consultados.