Canje de deuda: Martín Guzmán se tiene que hacer bilardista y asegurar el resultado

Economia
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Desde que se conoció la cuarta y por ahora última oferta del gobierno argentino a los bonistas, el 6 de julio, el presidente Alberto Fernández y el ministro Martín Guzmán vienen

insistiendo en que no habrá una quinta oferta, que aquella es la definitiva.

La afirmación se repitió aún después del rechazo que expresó esta semana un grupo importante de bonistas. Por algún motivo, esa falta de acuerdo no derivó, por ahora, en un desplome de los bonos ni una disparada de los dólares alternativos o el riesgo país. Los tres dólares de diferencia que separan al deudor de los acreedores se consideran por ahora insuficientes como para dar por rota definitivamente la negociación.

Resulta difícil de entender la postura del Gobierno de estirar las negociaciones en lugar de cerrar trato ya mismo. Tampoco se entiende mucho la apelación del ministro Guzmán, en el comunicado del sábado pasado, al 50% de niños y niñas argentinas que están debajo de la línea de la pobreza, como razón suficiente como para rechazar la propuesta de los bonistas.

Cabría preguntarse qué pasaría con esos niños y niñas, y con las jubilaciones, y con la actividad económica en general, si se rompiera la negociación por la deuda y el Gobierno optara por cerrar trato con un porcentaje bajo de bonistas, abriendo el camino a juicios y holdouts. De hecho, es fácil deducir qué pasaría con el tipo de cambio, con la brecha cambiaria y con la inflación.

Hay un dato objetivo: el Gobierno ya ganó. Aún si aceptara conceder uno, dos o incluso los tres dólares extra que están reclamando los bonistas, tiene asegurado un rotundo éxito.

Federico Furiase, de Eco Go, lo plantea así: "Tomando la oferta de los bonistas, que implica un valor presente neto promedio de 3 dólares adicionales al del Gobierno, el cupón promedio estaría bajando desde 6,7% a 3,4% y el ahorro en capital e intereses en comparación con el perfil  actual llegaría a US$ 35.000 millones en nueve años." En ese escenario, sigue Furiase "el Gobierno más que compensaría en términos económicos y políticos el esfuerzo fiscal extra que tendría que hacer ahora para cerrar un acuerdo sin holdouts".

Si bien el capital de la deuda renegociado se reduce marginalmente, el pago de intereses cae a pique, dado que hay un recorte impresionante en los cupones de intereses. Y encima no hay pagos relevantes durante lo que resta de este mandato presidencial.

En el mercado se comenta que hoy las diferencias objetivas se podrían cerrar subiendo apenas el cupón del bono con el que se pagan los intereses corridos y adelantando algunos meses algunos pagos. La discusión por la letra chica legal de la operación ya parece estar casi saldada.

Al día siguiente de evitar el default, Argentina estaría pagando intereses parecidos a los que pagan países considerados “investment grade”. Dado que Martín Guzmán aceptó que el Gobierno no saldrá a buscar nuevos fondos a los mercados globales, no deberá convalidar la tasa de interés que le querrá cobrar el mercado en los primeros meses post-canje por la colocación de nuevos bonos en dólares.

El arreglo sería un alivio para empresas privadas que sí necesitan acceder al mercado internacional de capitales, ya sea para refinanciar en mejores términos deudas por unos 16.000 millones de dólares, o para conseguir plata fresca para desarrollar nuevos proyectos de inversión (¿Vaca Muerta?), que generen tal vez exportaciones de valor agregado o nuevos puestos de trabajo. Es más, con un arreglo de deuda cuánto crecería el valor de las compañías argentinas. Cuánto el patrimonio del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) que administra la Anses? Todos “títulos” que el equipo de comunicación del Gobierno podría usar a su favor.

Es más, el ministro ya tiene material para escribir su caso exitoso de reestructuración de deuda. Inentendible por qué elige estirar tanto la negociación. Guzmán, confeso hincha fanático de Gimnasia y Esgrima de La Plata y de Diego Maradona, debería aceptar por esta vez una gambeta menos y un poco de bilardismo para asegurar el resultado.

Tiene todo para ganar. Y al día siguiente (más bilardismo), presentar su plan económico.