Líbano, otra vez en ruinas, unido por el espanto y el sufrimiento en busca de la reconstrucción

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Líbano estaba en llamas, con su economía desfondada, su dislocada sociedad en ruinas, su futuro negro y con sus dirigentes políticos tan peleados como desintegrados. El desempleo y

la inflación destruían una clase media agobiada , la electricidad faltaba.

Ese era el horrendo panorama hasta las seis y media de la tarde del martes, cuando una tremenda explosión con la fuerza de una bomba atómica estalló y destrozó parte de la ciudad de Beirut, peor que en todas sus guerras.

Líbano otra vez en ruinas, unido por el espanto y el sufrimiento. Es en estos momentos cuando los libaneses se olvidan de sus diferencias y renacen , como el Ave Fenix, de su sangrienta y dolorosa historia. Una vez más el martirio, la muerte, pueden hacer resucitar a Líbano en la tragedia. Hasta su diáspora se une.

La explosión puede ser una nueva oportunidad de unión nacional, cuando los libaneses estaban vendiendo el oro para sobrevivir, las clases medias caían empobrecidas y perdían su refrescante estilo de vida, cuando las negociaciones con el FMI estaban bloqueadas. Y no existía el consenso político para llevarlas adelante.

La destrucción de Beirut, la ciudad fenicia, va a unir a los que hoy están divididos y separados:esa explosión, brutal y de origen desconocido, ha ecualizado a todos en la implosión y el desamparo en una semana muy difícil para el país.

Durante la guerra, cuando los aviones y los obuses israelís destrozaban las casas, los libaneses corrían a reconstruirlas al día siguiente. Era su forma de resistir, como ese desafío de ir a la peluquería entre las bombas y buscar continuar con su vida normal en los bombardeos. Ese es el espíritu libanés. Más allá de la crisis. Sólo basta rever el film Caramel para recordarlo.

El canciller libanés Nassif Hitti renunció a su cargo ayer para no seguir perteneciendo a un país títere de Hezbollah, cuyos intereses no están vinculados a Líbano sino a Irán y sus disputas regionales. En su carta de despedida sintetizó el drama de Líbano. “Fue fundado sobre la libertad, el pensamiento, el conocimiento, la cultura,un Líbano Faro, un Líbano Mensaje, punto de encuentro entre Oriente y Occidente”, escribió.

“El Líbano hoy no es más el Líbano faro que nosotros hemos amado y querido”, dijo, llamando “al gobierno y a aquellos que gerencian los affaires del estado a revisar numerosas políticas y comportamientos para acordar la prioridad de ciudadanos y del país” .

Su diagnóstico podría haber sido una oda a un país abierto al mundo, con pluralismo religioso y cultural, que respetaba las libertades públicas e individuales , a la economía libre y al diálogo e intercambio entre religiones y civilizaciones que se hundía. Una carta para testimoniar para la historia, cuando el gobierno buscaba reemplazarlo rápidamente para evitar los rumores de una caída inminente del gobierno. Algunos consideraban que ,tras conocerse el veredicto sobre el asesinato de su padre, el ex primer ministro Saad Hariri podría regresar al gobierno. Hoy iban a decidir una nueva estrategia frente al FMI.

Pero llegó la explosión. El primer ministro Hassane Dib deberá guardarse sus acusaciones sobre Francia, la primera en extender un brazo de ayuda solidario, y sus insultos al canciller Jean Yves Le Drian. Hezbollah se quedará sin margen para seguir aislando al país del mundo.Irán, agobiado por las sanciones y el Covid, no podrá ayudar en la reconstrucción libanesa, como hizo en la guerra contra Israel del 2006, con sus miles de dólares para bombardeados y victimas.

Líbano se había quedado sin margen de maniobra en el conflicto entre Irán y Estados Unidos. Estaba sumergido en el corazón de una batalla que lo supera ampliamente. Sus ministros eran lentos y no podían acceder por sus divisiones a los requerimientos que la actual crisis les exige.

En el medio de la tragedia y la masacre de la explosión, Líbano puede salir de su status de “estado fallido” para comenzar a renacer, gracias al dolor y la unión, que lo acompaña cada vez que sufre.