La garganta traiciona a Donald Trump: ¿Por qué el presidente se confesó con Bob Woodward?

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Los libros de Bob Woodward sobre los presidentes están entre las pocas cosas que siguen siendo previsibles en la política estadounidense. Todos saben que tarde o temprano –y, con total seguridad,

a mitad del primer mandato– el legendario periodista acabará escribiendo sobre ellos.

Así que la mayoría cede a las conocidas ofensivas del encanto de Woodward y al final opta por entrevistarse con él para, al menos, controlar su parte del relato.

Donald Trump no lo hizo cuando el periodista publicó Miedoen el 2018 y se arrepintió. Cuando preparara el siguiente, le dijo, quería participar, como en su día hicieron Bill Clinton, George Bush y Barack Obama.

Publicado cuando faltan menos de dos meses para las elecciones presidenciales, el resultado es Rage (Ira), un detallado repaso a las contradicciones entre lo que Trump decía en privado sobre la amenaza del coronavirus para Estados Unidos (“Es algo mortal”, “Muy difícil”, “Más letal que la peor gripe”) y los mensajes tranquilizadores que lanzó durante meses (“Desaparecerá milagrosamente”, “Es como una gripe”...).

A nivel personal, Trump es uno de los presidentes más transparentes de la historia de EE.UU. Sus tuits, entrevistas y constantes canutazos con los periodistas dan una idea a la postre bastante fiel de sus opiniones e intenciones.

"Rage" (Ira), el nuevo libro de Bob Woodward, agitó el avispero en Estados Unidos a dos meses de las elecciones presidenciales. Foto: EFE

"Rage" (Ira), el nuevo libro de Bob Woodward, agitó el avispero en Estados Unidos a dos meses de las elecciones presidenciales. Foto: EFE

Salvo que tenga una memoria tan corta como el ciclo de noticias en los medios estadounidenses, nadie que haya seguido atentamente la evolución y los vaivenes de su respuesta a la pandemia puede por tanto sorprenderse realmente del contenido de sus charlas con Woodward. Pero para algunos votantes puede ser nuevo o, con más de 193.000 fallecidos como consecuencia del virus, doloroso de escuchar.

De las charlas emerge una imagen mucho más nítida –y potencialmente dañina– sobre lo que el presidente sabía de la pandemia a principios de febrero. Para entonces EE.UU. aún no había registrado ninguna muerte por Covid y el virus apenas empezaba a detectarse en Europa.

La crisis no estaba en el radar de los norteamericanos, pero el presidente había sido alertado de su potencial destructivo. El propio Woodward, el respetado periodista que junto con Carl Bernstein destapó el escándalo del Watergate tirando de los hilos gracias a una fuente a la que bautizó como garganta profunda, ha tenido que dar explicaciones por “esconder” esa información a la opinión pública estadounidense.

El riesgo del coronavirus

“Se mueve por el aire”, le dijo Trump en una entrevista grabada el siete de febrero. “Eso es mucho más difícil que por el contacto. Porque no tienes porqué tocar cosas, ¿no? Pero el aire simplemente lo respiras y es así como se pasa. Así que es (un virus) muy difícil. Muy delicado. También es más letal que la peor de las gripes”, explicó al periodista según los avances del libro publicados por The Washington Post y la cadena CNN, audios incluidos.

Siempre atento a los mercados, durante las siguientes semanas, sin embargo, Trump siguió restando importancia al virus y comparándola con una gripe común. “Dicen que desaparecerá en abril, con el calor, como un milagro, espero que tengan razón...”, dijo a sus simpatizantes en un mitin un par de días después de aquella conversación con Woodward.

A mediados de marzo, el presidente declaró el estado de emergencia (“Dos palabras muy grandes”, dijo) y cerró las fronteras a los viajeros de Europa para frenar la “terrible infección” pero pronto volvió a sus mensajes tranquilizadores y acusó a la prensa y a los demócratas de exagerar la amenaza para hundir las bolsas y perjudicar a su campaña de reelección.

Woodward volvió a hablar con Trump el 19 de marzo y le preguntó por sus declaraciones. ¿Estaba minimizando el tema deliberadamente?, le preguntó. “Siempre he querido minimizarlo. Lo sigo minimizando porque no quiero crear pánico”, adujo Donald Trump, que en esa conversación compartió algunos “hechos alarmantes” sobre el virus. No afecta “solo a los viejos o muy viejos. A la gente joven también, a mucha gente joven”, le dijo.

Por esas fechas, Europa estaba cerrando sus fronteras internas. España había registrado ya más de 11.000 infecciones y más de medio millar de muertos. Según el relato de Woodward, basado también en fuentes anónimas, el 26 de enero, el consejero de seguridad nacional, Robert O’Brien, advirtió al presidente que el coronavirus sería “la mayor amenaza” a la que se enfrentaría su presidencia, aunque cuando el periodista le preguntó al respecto Trump dijo no recordarlo.

A pesar de ser consciente de la gravedad de la pandemia que se venía encima al país, “Trump nunca se mostró dispuesto a movilizar el gobierno federal y siguió desviando el problema a los estados”, escribe Woodward. “No había ninguna teoría de gestión sobre cómo organizar una iniciativa masiva para responder a una de las emergencias más complejas que jamás ha afrontado Estados Unidos”, recalca.

¿Por qué habló?

Esta vez, Trump no puede culpar al periodista de haber manipulado sus palabras. Esta vez, Trump es la fuente directa de buena parte del libro de Woodward, que ha divulgado la grabación de parte de sus conversaciones, 18 en total.

¿Quién le recomendó hacerlo, por qué nadie le frenó, conociendo su incontinencia verbal?, se preguntan en su entorno, inquietos por las consecuencias de las revelaciones. Todas las fuentes apuntan a su yerno y asesor especial, Jared Kushner, que el libro Rage y multitud de fuentes señalan como una de las personas más detestadas y a la vez poderosas de la actual Casa Blanca.

A diferencia de su portavoz, que negó que el presidente minimizara el virus, Trump no ha negado algo que los estadounidenses pudieron oír de su propia garganta: “No mentí. Lo que dije es que había que mantener la calma”, replicó días atrás.

¿Confundió al público para no generar pánico?, le preguntaron el miércoles poco después de conocerse el avance editorial. “Si se refiere a no crear pánico, quizás sí lo hice. Lo cierto es que yo soy un cheerleader para este país. Amo este país y no quiero que la gente tenga miedo. Lo que no voy a hacer es llevar a al país o al mundo a la histeria. Debemos mostrar confianza y lo hemos hecho fenomenal lo midas como lo midas”, defendió.

El candidato presidencial demócrata, Joe Biden, lo acusa de “mentir” y “traicionar a vida o muerte” al pueblo estadounidense. “Mintió a posta y a conciencia durante meses”, dijo el ex vicepresidente, que afirma que el jefe de la Casa Blanca ocultó información al país por sus propios intereses.

Woodward debió defenderse de acusaciones similares. Hay quien asegura que se habrían salvado miles de vidas si hubiera difundido esta información antes pero no lo hizo porque tenía un libro que vender. Él alega que necesitó tiempo para verificar datos. Trump acusa a Woodward de actuar por motivos políticos pero insiste: si tuvo sus citas tanto tiempo y no las publicó es porque no pensaba que fueran peligrosas sino “buenas y adecuadas”.

Por Beatriz Navarro, corresponsal de La Vanguardia en Washington

CB​