Fernando Henrique Cardoso: "Hubo un retroceso en las relaciones interamericanas"

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Fue presidente, canciller y ministro de Hacienda de Brasil. Es sociólogo, político, politólogo, filósofo y profesor universitario, pero sus 89 años, Fernando Henrique Cardoso se define primero que nada

como un argentinófilo y añora los tiempos de diálogo franco y abierto entre la Casa Rosada y el Palacio de Planalto, que ocupó entre 1995 y 2002.

Sin tabúes, Cardoso se refirió al futuro de la región y del mundo; a los líderes populistas de derecha como Donald Trump; a las chances de la reelección de Jair Bolsonaro y a la extrañeza que le provoca que el actual mandatario brasileño y su par argentino, Alberto Fernández, no dialoguen.

“Me parece un poco bizarro que un país tan poderoso como Estados Unidos tenga un liderazgo que sea tan cambiante, que no parece afianzarse como un líder de nivel mundial. En mi época había lideres simbólicos como Nelson Mandela que no tenía tanta influencia, pero era un símbolo. Para el mundo que viene necesitamos nuevos líderes; no necesariamente de la política, pueden salir del periodismo, de la ciencia o del futbol, pero lo importante que la gente los siga. Estamos en un cambio de era”, reflexionó sin anestesia y sin elevar la voz el cofundador del Partido de la Social Democracia Brasileña en el arranque de la tercera emisión del ciclo "El mundo después de la pandemia", que forman parte de las celebraciones por los 75 años de Clarín.

Entrevistado por el editor general del diario Ricardo Kirschbaum, Cardoso dejó declaraciones inquietantes. “Las democracias ya no mueren de golpes de Estado sino desde adentro. Quizás sea más profundo. Las estructuras tienen menos peso porque las personas pueden conectarse entre sí. Requiere una acción política distinta de la acción de los partidos”, sostuvo.

Entrevista por zoom. Fernando Henrique Cardoso. El ex presidente cree que Bolsonaro puede ser reeelecto.Foto: Rafael Mario Quinteros

Entrevista por zoom. Fernando Henrique Cardoso. El ex presidente cree que Bolsonaro puede ser reeelecto.Foto: Rafael Mario Quinteros

En la misma línea se refirió a los nuevos populismos de derecha, un fenómeno que no se inscribe dentro de la tradición de los populismos latinoamericanos. “Hay una descomposición interna. El hecho mismo de que una persona como (Donald) Trump pueda ser elegido y pueda ser reelegido lo demuestra; hay una crisis de la democracia representativa", afirmó.

El ex mandatario brasileño añadió que la globalización produjo la integración de los mercados pero enfatizó que los nuevos líderes populistas van en un sentido contrario. “Son populistas que no quieren incluir. Dicen: `no queremos negros, árabes, latinos`. Excluyen. Es una tradición contraria al populismo latinoamericano, que era inclusivo”, esgrimió y argumentó que esos líderes construyen sus políticas como si sus comunidades estuvieran “bajo ataque”. “Da la sensación de que con esos nuevos populismos hay una adoración del hombre poderoso”, reflexionó y sugirió que los órganos de contrapoder ya no funcionan como antes.

Al igual que el ex presidente de Chile, Ricardo Lagos, que también participó del ciclo que cuenta con el acompañamiento empresario de Pan American Energy, Desa y Techint, y con el auspicio de Newsan y Crossfinder; Cardoso se refirió a la crisis de los organismos supranacionales. “Nos habíamos acostumbrado a las organizaciones como la ONU. Ahora va a ser un choque entre los Estados supranacionales y la libertad de un país. Esta nueva línea entrará en contradicción con la integración económica. Es un problema, porque la integración es creciente y va a seguir siendo así. Ya no son suficiente los mercados internos son internacionales, están integrados; pero el mundo de la cultura y los valores que se están propagando son de exclusión”, se lamentó.

Ese fenómeno, para Cardoso se replica en la región. “Había un sentimiento de que todos éramos latinoamericanos. No sé si existe ese pensamiento hoy. Hay un sentimiento de poca responsabilidad hacia los demás. Bolsonaro no tiene capacidad de entenderse con los hispanos. Es un nuevo mundo en el que cada uno va a pensar en sí mismo. La pandemia es un reflejo de eso. ¿Cual fue el esfuerzo conjunto durante la pandemia?”, interrogó.

Más perplejidad le produce el hecho de que Bolsonaro y Fernández nunca se hayan reunido a solas. “Es muy extraña esa situación. Yo tenía relación directa personal con los presidentes de Argentina. Nos veíamos con mucha frecuencia. Hubo un retroceso en las relaciones interamericanas, tengo la sensación de que en el gobierno de Brasil no están preocupados con lo que pasa en otro país. Sí (les preocupa) lo que pasa con Estados Unidos y China y algo con Europa, pero nada con América latina. Hubo una desconexión. Eso es malo, porque habíamos avanzado mucho en lo político, en lo económico y en lo humano. Uno tiene que darse cuenta de que no vive solo con el mundo y que no vive solo con sus dueños, por Estados Unidos. Lo que paso con el BID es un reflejo de eso, es una pérdida real de posibilidad de actuación”, sugirió respecto de la elección del estadounidense Claver Carone en la presidencia del organismo de crédito que solía estar reservada para un latinoamericano.

Cardoso cree que Bolsonaro -a quien define como reaccionario y conservador- tiene buenas chances de ser reelecto, sobre todo si la oposición brasileña no se une. “El modo en que enfrentó la pandemia fue negacionista. No contribuyó para su valoración”, analizó respecto del repunte en las encuestas del presidente brasileño.

Se ilusionó con un cambio de paradigma en la política de su país. “Hay que esperar a ver qué pasa cuando termine la pandemia, cuando la gente pierda el miedo. Bolsonaro era anti todo lo anterior. No tenia una idea propositiva. No llegó por sus ideas sino por una agenda negativa. No sé cómo será en el futuro. Yo preferiría una agenda positiva, pero son anhelos, no es un análisis de la realidad”, dijo.

Por último, el ex mandatario del gigante latinoamericano se refirió a la situación en Venezuela. “Veo con mucha preocupación la división de la oposición venezolana, porque con división no se va lejos. La economía está muy debilitada en un país que tuvo cierto bienestar, que conoció la buena comida y que ahora no tiene qué comer (…) Hay que apoyar proyectos más desarrollistas y democráticos, no solamente los cambios institucionales, que son importantes. Lo más positivo es que uno no se entrometa. Nadie de afuera resuelve los problemas políticos de un país”, concluyó.