Enojo y frustración en Israel por volver a la cuarentena en el Año Nuevo judío

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Israel se resigna a un nuevo confinamiento, a partir de este viernes, que durará tres semanas, ante un rebrote del coronavirus. El gobierno israelí lo decidió en

la noche del domingo, en un acalorado consejo de ministros, tras sumar tres mil casos positivos y 16 muertos en 24 horas.

En total, el país ya confirmó más de 160.000 casos y 1.100 muertes desde marzo por Covid-19.o

Las medidas, que suponen un retroceso a la situación anterior al verano, fueron recibidas con enojo por gran parte de la población en la medida que condicionarán la celebración de tres de las fiestas judías más importantes.

El confinamiento entrará en vigor a las dos de la tarde del viernes 18, horas antes del Año Nuevo judío y durará hasta más allá de las fiestas de la Expiación y de los Tabernáculos. Los israelíes podrán hacer sus compras en supermercados y farmacias, en un radio de 500 metros. También acudir al trabajo, ya que las empresas privadas podrán seguir abiertas, sin atención al público.

Judíos ortodoxos rezan en Jerusalén, este martes, días antes del regreso a una cuarentena por el avance del coronavirus en Israel. Foto: EFE

Judíos ortodoxos rezan en Jerusalén, este martes, días antes del regreso a una cuarentena por el avance del coronavirus en Israel. Foto: EFE

El toque de queda sanitario cortará también las protestas contra el primer ministro Benjamin Netanyahu, que llevan 12 sábados seguidos juntando multitudes frente a su residencia. El domingo, además, cientos de coches intentaron bloquear la carretera al aeropuerto Ben Gurión –que seguirá abierto– donde Netanyahu debía tomar un avión rumbo a Washington, para firmar el establecimiento de relaciones con Emiratos y Bahréin.

En las últimas dos semanas, Bahréin e Israel son, precisamente, los dos países del mundo en los que se han contabilizado más contagios de Covid-19 en relación a su población.

Hay, por tanto, argumentos médicos para el nuevo confinamiento, aunque una parte de la población no olvida el uso espurio de la epidemia por parte del ministro de Sanidad, Yuli Edelstein, hace unos meses, cuando –aún como presidente de la Knesset, el Parlamento– bloqueó una y otra vez la investidura para prorrogar la permanencia en el cargo de Netanyahu, imputado por varios casos de corrupción.

Edelstein prefirió dimitir antes que obedecer al Supremo. Esta vez quien renunció es el ministro de Sanidad de entonces –ahora de Vivienda– Yaacov Litzman, un ultraortodoxo que desobedeció las reglas de su propio Ministerio, antes y después de contraer el Covid-19. Y que ahora defendía confinar antes y salvar las fiestas.

Netanyahu, eso sí, lo ha escuchado al optar por un confinamiento general, en lugar de limitado a los peores focos, para no estigmatizar a los barrios jaredíes, que son también los más pobres y masificados. Como Bnei Brak, al sur de Tel Aviv, donde ha habido altercados por las restricciones en las congregaciones.

Aunque su gabinete se basta a sí mismo para discutir ruidosamente, voces a derecha e izquierda elevan los decibeles, por el temor a empeorar la recesión y el 20% de desocupación. Ahora hay quien hubiera preferido un mayor control en bodas y sinagogas y en el uso de la mascarilla.

Por Jordi Joan Baños, corresponsal de La Vanguardia en Turquía

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