Atentado a las Torres Gemelas: recuerdos de un pintor argentino entre la "lluvia de escombros y el olor nauseabundo" en Nueva York

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La primera vez que esta cronista se cruzó con el pintor argentino Alejandro Vigilante habían pasado cinco años del atentado contra las Torres Gemelas. La misión de Clarín

en Nueva York esos días era dar con los argentinos afectados por el ataque. En ese camino di con el artista y también con familiares de compatriotas muertos o sobrevivientes.

Nueva York todavía sangraba cinco años depués. Había recuperado su ritmo afiebrado e hiperquinético. Sí. Pero en el lugar de las Torres había un cráter desproporcionado que deformaba los contornos de una ciudad de torres erguidas. Ese agujero, rodeado de edificios abandonados, con fachadas arrancadas y ennegrecidos, lo contaba todo.

El Ground Zero se había convertido en una enorme herida abierta sin cicatrizar, en un sitio en construcción, en un lugar de peregrinación y un punto para turistas y curiosos con la muerte todavía en el aire.

Aún había allí restos de las víctimas, entre los camiones de construcción que intentaban sembrar los cimientos de una futura torre más magnífica, más enorme y más majestuosa que las que habían caído; un símbolo de la resiliencia de la ciudad.

El subte cruzaba las entrañas del Ground Zero sin detenerse. La estación clausurada, rota, con una luz mortecina, apenas se dejaba ver por las ventanillas. El tren la atravesaba despacito como intentado hacer silencio. Todos en el vagón hacían silencio.

Nueva York todavía sufría.

El relato triste de la madre y amigos del bombero bahiense Sergio Villanueva, muerto en ese infierno y jamás recuperado, fue una de esas historias demoledoras de escuchar y escribir.