Matarraña, una escapada perfecta en tiempos de Covid

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En el cruce de fronteras entre Teruel, Tarragona y Castellón, la comarca del Matarraña apenas ha cambiado su estilo de vida a costa del coronavirus. Esta zona del Bajo Aragón, una auténtica
joya desconocida para muchos españoles ubicada a menos de 3 horas de Barcelona, ha visto como su oferta de turismo activo ha cosechado un verano excelente, a pesar de los temores iniciales. El otoño se augura igualmente exitoso y motivos no le faltan. Su emplazamiento en medio del parque natural de los Puertos de Beceite, en una zona rica en patrimonio cultural y con una gastronomía de altura lo convierten en ideal para una escapada. Y en plena pandemia por la Covid, triunfa gracias a ser un destino seguro, de naturaleza y ambiente familiar. Además, el Matarraña ha sumado este verano un nuevo aliciente: el Hotel Torre del Marqués, un «smart luxury» de cinco estrellas (el primero de la provincia) recién estrenado en una antigua masía del siglo XVIII próxima al municipio de Monroyo que cuenta con las perfectas prestaciones para el relax y conexión con la naturaleza. La finca, con más de 150 hectáreas, invita al descanso pero las majestuosas panorámicas desde los ventanales del hotel, en las que apenas se ve rastro urbano, son un aliciente para salir a conocer la zona. Al noble edificio del siglo XVIII no le falta historia. Fue la residencia de verano del Marqués de Santa Coloma y conserva parte de sus estancias, aunque se ha adaptado a los nuevos tiempos y puede funcionar con energía 100% renovable. «Queríamos ser lo más ecosostenible posible», remarcan a ABC Óscar García y Marta Goiri, propietarios del hotel, que tras buscar un emplazamiento por todo el país quedaron encandilados tanto por la casa como por el propio Matarraña. Estancia de proximidad De hecho, para la rehabilitación de la masía se usaron materiales de proximidad, como suelos con yeso pulido de Albarracín o muros de tapial hechos con argamasa de tierra y paja de la propia finca. Si ver esto en las propias habitaciones sorprende, todavía lo hace más la creación de corrientes de aire naturales e invernaderos interiores. El paso por el restaurante del hotel, dirigido por el chef Enmanuel Cáceres, es otro de los alicientes de Torre del Marqués. La carta, un perfecto escaparate gastronómico de la zona, usa productos de proximidad: no falta el clásico ternasco de Aragón ni los quesos y embutidos del terreno, y todo acompañado por buen aceite de oliva y vinos. El establecimiento, que cuenta con 18 habitaciones, tiene una zona de spa y una piscina al aire libre templada todo el año ideal para conseguir la desconexión. Además, se han recuperado viñedos y en un futuro se podrían reabrir las antiguas cuadras, que siguen en buen estado pero con el visible paso de los años. Un paraíso de naturaleza A pesar de estas instalaciones, el paisaje anima a salir a descubrir el Matarraña. La tirolina más larga de Europa, las pozas en las que remojarse o las imponentes rutas de senderismo son buenas opciones. La agencia Senda, con sede en Beceite, lleva más de 20 años organizando actividades como el descenso de barrancos (uno de los más populares, el de Canaletes), vías ferratas, rutas de senderismo a zonas como los «estrets del Parrissal» o las gúbies del Regatxol y Ulldemó. Quienes quieran más relax pueden gozar de varias zonas de baño, como La Pesquera o la poza de El Salt. Imprescindible, eso sí, es traer la cámara para inmortalizar la zona y también las míticas cangrejeras para sufrir menos entre piedras y agua fresca. Pero el Matarraña es mucho más que esto. La comarca cuenta con un valioso patrimonio por su ubicación fronteriza, ya que durante siglos se ha empapado de la cultura mediterránea y a la vez influencias continentales. Ejemplo de ello es que sus 18 pueblos engloban arte gótico (con influencia levantina), barroco y renacentista, algo que puede contemplarse con una simple ruta en coche y visitando localidades como Beceite, Calaceite, Cretas, La Fresneda o Ráfales. Antes, sin embargo, es aconsejable acudir a Valderrobres para hacer una primera cata de la zona. Se trata del mayor núcleo de la comarca y su belleza deja a pocos indiferentes. Su museo, además, tiene una colección de maquetas de iglesias de la zona de todos los estilos y es el perfecto punto para adentrarse desde cero a la comarca. De Valderrobres llamará la atención su puente medieval que invita a entrar al casco antiguo y una vez dentro, sus bonitas calles empedradas o su majestuoso ayuntamiento renacentista. Subir a lo más alto del pueblo es necesario para poder conocer la iglesia y su castillo, una de las principales fortalezas góticas de Aragón que seguro que sorprende a muchos y que actualmente es visitable aunque está en reconstrucción gracias al duro trabajo de la Fundación Valderrobres Patrimonial. Templo de vino y aceites Caso aparte es el poderío del Matarraña para los amantes del enoturismo. Los terrenos de la zona son ideales para el vino. Lo saben en la bodega Venta d'Aubert, justo al límite de la comarca catalana de la Terra Alta, también cada vez más famosa por sus caldos. La finca, que como su nombre indica fue una casa de huéspedes en la antigüedad, vio cómo en 1986 una pareja de belgas intentaban darle una nueva vida: plantaron viñedos, que habían existido en su anterior etapa, e impulsaron un negocio vinícola. Ahora cuenta con 16 hectáreas de viñas y desde 2013 están certificados por su producción «eco». Con 50.000 botellas elaboradas al año entre blancos y tintos, la bodega exporta casi el 70% de sus vinos, aunque cada vez son más conocidos en territorio nacional. Más curiosa que una cata vinícola es hacer una de aceites y la zona tiene buen producto de primera calidad para ello. En Mas de Flandí, en Calaceite, se transmite la pasión por el oro líquido y su molino, que acoge visitas oleoturísticas, elabora aceites «gourmet» con un cultivo y producción totalmente ecológico. Trabajan sobre todo con la variedad de la zona, el empeltre pero también picual o arbequina, con los que han ganado premios incluso en Japón por sus productos de calidad. Eduard, su propietario, tiene claro que el éxito pasa por mantener al máximo las propiedades originales de la aceituna y hacer una extracción lo más cuidadosa posible. Con estos principios y la pasión por el producto que hacen, el éxito está asegurado. Además, toda buena escapada acaba recordándose por sus manjares y en este aspecto al Matarraña tampoco le faltan alicientes, gracias a su gastronomía local y buenas propuestas al respecto. En Ráfales, por ejemplo, el restaurante La Alquería ha sabido consolidarse con una propuesta que sabe incorporar un toque contemporáneo a los platos de toda la vida. El ternasco con dátiles y aceite de pistacho, la corvina aliñada con aceite de wasabi y lima o los raviolis de huevo trufado con foie-gras y escamas de cecina de Teruel son un buen ejemplo de la cocina atrevida de José y Clara. En Beceite también se puede hacer parada en la Font del Pas, un hotel con mucha historia a sus pies y un restaurante ideal para acabar de embobar el paladar con producto de la zona. Ángeles y Ramon, sus propietarios, han trabajado duro para tener un proyecto altamente sostenible. Las instalaciones eran un antiguo molino papelero (algunos grabados de Goya llevan el sello del papel que se hacía allí) y ahora siguen aprovechando el agua de la zona para conseguir una buena climatización y de paso cuidar el huerto con el que abastecen su cocina. Por eso, merece la pena probar los espaguetis de calabacín, las manos de cerdo o el ternasco de Aragón. Ah, y dejar hueco para los postres, que seguro que endulzarán la estancia.

FUENTE DIARIO ABC:

https://www.abc.es/espana/catalunya/disfruta/abci-matarrana-escapada-perfecta-tiempos-covid-202009151420_noticia.html

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